El 20 de febrero de 2018, la Internacional de la Educación y su confederación para Europa, la CSEE, celebraron una sesión en las instalaciones del Comité Económico y Social Europeo para presentar los resultados de un nuevo informe (en inglés) que recopila cuatro estudios de caso nacionales en los que se analiza el estado de la educación de los refugiados y recién llegados a Alemania, Italia, España y Suecia.
 
Dicho informe destaca los problemas transversales que afectan a la educación de los refugiados y, en concreto, la necesidad de reformar la gestión de la integración de los recién llegados a Europa con el fin de garantizar que los centros escolares puedan integrar la diversidad y tratar las necesidades específicas de estas personas.
Muestra que, en numerosos casos, los obstáculos a los que se enfrentan los estudiantes a la hora de integrarse en sistemas educativos europeos están relacionados con la escasez de recursos, la falta de desarrollo profesional del personal de las escuelas, la ausencia de docentes de apoyo para idiomas y segunda lengua especializados, y la inexistencia de coordinación y cooperación entre sectores y niveles políticos y administrativos de la sociedad.
 
El estudio también revela que los centros escolares europeos tienden a segregar a los recién llegados en sus propias clases y grupos sin llevar a cabo una evaluación personalizada según lo que más convenga a los estudiantes. Advierte sobre los proyectos locales fragmentados, supeditados a la sociedad civil y dependientes de esfuerzos individuales de docentes y directores comprometidos, que no pueden reemplazar a un marco amplio.
 
Según los hallazgos de los cuatro estudios de caso nacionales, se establecen las siguientes recomendaciones:

Todos los países deben adoptar un marco nacional amplio que defina el estándar con respecto a la recepción, inclusión y educación de los estudiantes recién llegados. Se tiene que poner en marcha un sistema de supervisión y apoyo de las prácticas locales para garantizar una implementación adecuada.
  • Los países deben establecer este aspecto como obligatorio, así como proporcionar material e instrucciones, para los docentes sobre cómo llevar a cabo la evaluación inicial de la vida y experiencias escolares anteriores de los estudiantes. Resulta esencial adoptar un enfoque individual.
  • La inclusión ha de ser un modelo organizativo principal y el punto de partida en todos los debates sobre «el bienestar de los niños», como estipula el artículo 3 de la Convención sobre los Derechos del Niño. No obstante, la inclusión no es posible sin apoyo adicional. Por tanto, la principal pregunta no es si un estudiante debe incluirse en el sistema sino cómo darle apoyo en él.
  • El idioma materno de un niño debería reconocerse y valorarse como una herramienta importante para el aprendizaje y el desarrollo de su identidad. La presencia de docentes de apoyo lingüístico (mediadores culturales y lingüísticos o auxiliares bilingües) y el respaldo interno del centro escolar a su trabajo es indispensable.
    El desarrollo profesional de los docentes en las áreas de educación de niños recién llegados, pedagogía intercultural y aulas multiculturales tendría que ser una prioridad nacional en todos los países. Debe desarrollarse un plan bien diseñado en todos los centros escolares, preferiblemente en colaboración con las universidades, sobre cómo crear una comunidad de aprendizaje y un aprendizaje entre compañeros docentes de apoyo.
  • Las redes que se basan en recursos de la comunidad local, la sociedad civil y los padres deben fomentarse y promoverse más, pero no han de considerarse responsables de lo que hagan los centros escolares y cómo la hagan. 
  • Los gobiernos nacionales y las organizaciones internacionales, como la Comisión Europea, deben invertir más en un estudio longitudinal y comparativo entre países para poner al día científicamente a los responsables de diseño de políticas.